Livin' La Vida Aurea

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30 octubre 2016

Kyabakura キャバクラ

A pesar de que por 3 días había hecho frío en Tokio, hace unos días amanecimos con el sol brillando y con una temperatura de 20 grados que a medio día era ya de 29 grados. Después de ejercitarme por unas horas, me bañe y me puse unos shorts y una blusa suelta para aguantar las temperaturas. Me salí a hacer unas compras; lo usual, pintura para la cara blanca y sangre artificial... Bueno, usual para las épocas. Por supuesto las calles están llenas de gente, todos parecen tener prisa de llegar a algún lado, a excepción de los turistas que le están tomando fotos a las alcantarillas, a los taxis, a la tienda de calcetines y a que más no. 

En medio del crucero de Shibuya una chica rubia en shorts y playera, aprovecha que esta el siga para los peatones y se acuesta en el piso mientras alguien le toma una foto desde el Stabucks, un piso arriba. No le basta con una foto, se para y se mueve unos metros para volverse a acostar y entonces yo veo como otro turista, grabando su caminata por el crucero, se acerca peligrosamente, aunque yo estoy demasiado lejos y hay demasiada gente, y antes de que yo pueda decir algo el señor le pisa la cara, ni siquiera la pierna o la mano, si no la cara a la chica rubia. El tumulto se hace más grande y ya no puedo ver que sucedió con la chica. 

Sigo con mis compras, me doy una vuelta por Shibuya 109, en dónde se encuentran las marcas japonesas de moda, para la gente joven, ya saben. De repente me siento vieja, como que ya no soy de la onda, o como que la moda ya no me queda. Todo tiene peluche, hasta las sandalias. Las playeras ahora se usan como vestidos, las cachuchas están de moda de nuevo. Me siento perdida, por qué entre aquí? En una esquina veo un vestido, blanco, con corte de princesa, con la falda hasta las rodillas y con unas bolitas azules. Me acerco a él y por supuesto es "one size", talla única. Escucho a mi busto y mi trasero talla 30 reírse. No he aprendido y todavía le tengo esperanza a las tallas únicas. Bueno, el vestido, que ni cierre tenía, no me bajo del busto, tal vez si me hubiera dislocado el brazo derecho me hubiera quedado. 

Me salí de ahí un poco desanimada así que me senté a jugar Pokémon Go checar unos emails importantes. Ensimismada en mi teléfono, no me di cuenta de quien iba y venía, de quién se paraba a un lado mío o se llegaba a sentar, hasta que escuche que alguien repetía algo en japonés una y otra vez. Levanté la mirada del teléfono para encontrarme con un hombre en sus veintes, con el cabello peroxidado y una máscara quirúrgica. Repetía algo que sonaba como "kana kara anata desuka?". Me estaba hablando a mí, pero yo pues no le entendía nada de lo que me decía, ligeramente entendía que me estaba preguntando algo. Lo mire de arriba para abajo, traía jeans y una playera de Ed Hardy, unas botas de combate y cargaba una bolsa de piel, tenía su teléfono cubierto en cristales en su mano. "Perdón, no hablo japonés" le dije en inglés y regrese a la mirada a mí teléfono. "Ah!" exclamó él, mientras se sentaba a un lado mío. " Quieres trabajar?" me preguntó en inglés. Lo voltee a ver con cara literal de "qué?"  y le pregunté "trabajar?". "Sí, conoces kyabakura?". 

Conozco "kyabakura"? He escuchado acerca de kyabakura. Hace muchos años un conocido me contó acerca de una visita a Japón y una visita a kyabakura. キャバクラ (kyabakura en katakana) es un portmanteau, o combinación lingüística, de las palabras キャバレー kyabare, o sea cabaret, y クラブ kubaru, o sea club, traducción directa al español entonces: club cabaret. Aunque en realidad no es ninguno de los dos. Kyabakura es básicamente un bar, exclusivo para hombres, en el que aparte de comprar un trago, los "caballeros" tienen la oportunidad de comprar la compañía de alguna mujer. En muchas ocaciones, compañías pagan por las noches de kyabakura para sus empleados para mostrarlas agradecimiento por su dedicación y ganar su confianza. 

Caminando por Kabukicho, en Shinjuku, encontraran a muchos jóvenes en la calle, con carpetas en la mano, estas carpetas son "menus" con fotos de las mujeres trabajando en el kyabakura que promocionan. En otras ocaciones, son las mismas mujeres, llamadas kyabajo キャバ嬢 (literalmente "chica cabaret") llamando la atención de los clientes. En Osaka estaban vestidas como "conejitas" de Playboy en medio de la calle. 


En Shinjuku, Tokio existe un kyabakura llamado "Camacho".


Kyabakura es descendiente de las casa de té y las geisha, o maiko. Al igual que una geisha, una kyabajo entretiene a su cliente, le sirve sus bebidas y le enciende sus cigarros. Cuando se trata de las artes, una geisha tocaría el shamisen o haría un arreglo floral, mientras que una kyabajo canta karaoke. Las kyabajo tienen que ser coquetas, prestarle toda su atención al cliente pero nunca hacer connotaciones sexuales o ser tocadas por el cliente. 

Trabajan por comisión basada en lo que le venden al cliente, incluidas sus propias bebidas, que por lo general van a a ser sin alcohol para poder trabajar toda la noche. Si desean tener más ingresos pueden asistir a "citas" privadas, fuera del kyabakura en el que trabajan pero bajo supervisión del mismo, con sus clientes frecuentes. También pueden aceptar regalos de sus clientes, por lo general bolsos o accesorios de diseñador que por lo general se quedan para uso personal o los venden a tiendas de segunda mano. 

Mientras que el negocio suena bastante inocente comparado con un strip club o una casa de citas, ya que se puede interpretar como un lugar al que los hombres - o mujeres en caso de un kyabakura con anfitriones masculinos- se van a levantar el ego a cambio de 4000 yenes (aprox. 520 MXN) por 40 minutos, lamentablemente kybakura no es tan limpio como suena. 

Un kyabakura en Roppongi, Tokio es llamado "10 'zorras" 


Durante años el negocio de kyabakura se ha prestado como entrada para delitos tales como la prostitución y el tratado de blancas, una forma de trata de personas que viola los derechos humanos. Japón, al igual que México, ha sido clasificado como un país en nivel 2 sobre el cumplimiento del TVPA (Acto para la Protección de Víctimas de Tratado Humano), es decir que no esta en cumplimiento de los estándares mínimos del Acto pero sus gobiernos están haciendo esfuerzos para alcanzarlos. 

En ocaciones los y las kyabajo no logran ganar el dinero indispensable para cubrir sus costos de vivienda básicos simplemente con comisiones, a pesar de que muchos kyabakura le ofrecen vivienda a sus trabajadores, en muchos casos las trabajadoras son madres solteras, estudiantes extranjeras, o peor aún, inmigrantes ilegales que necesitan solventar gastos mayores. Por lo tanto se pueden llegar a sentir presionadas a prostituirse para ganar más dinero, en muchas ocaciones siendo alentadas a hacerlo por sus mismos jefes en el kyabakura. 

Como en todo, la situación no siempre es así y hay kyabajo que encuentran su profesión interesante, divertida y económicamente satisfactoria. Logran hacer amistades sinceras con sus clientes mientras disfrutan de vidas sociales y familiares normales en su tiempo libre. Podría ser tentador trabajar como kyabajo: eres una chica que ha sido reconocida como bella y deseable, y simplemente tu presencia en un lugar, divertido y en un ambiente de fiesta te pueden dar un sueldo, con la posibilidad de recibir regalos de lujo. Pero al final, la verdad es que es un negocio que no es bien regulado y ha encontrado escapatorias legales que le dan paso a un crimen tan grave como lo es el tratado humano y en casos más extremos al acoso, acecho y asesinato de kyabajo. 

Y a pesar, de que sí, me urge un trabajo, simplemente por tener un propósito en el día a día, por sentir que estoy haciendo algo por mantener "La Máquina" en funcionamiento, simplemente miré al hombre a la cara, aunque entre máscara quirúrgica y cabello no veía mucho, y le di un rotundo "no", me paré y continué con mi día. Aunque me quedé pensando, como Japón puede ser tan avanzado cuando se trata de tecnología pero tan retrasado cuando se trata del Humanismo y los derechos humanos. 


13 julio 2016

Kioto: El Bosque de Bambú, Inari-san

Hola!

Si se acuerdan, andábamos en Arashiyama en Kioto en la búsqueda del Bosque de Bambú. Después de habernos perdido y después de vagar por el Santuario de los Macacos ya se nos estaba haciendo tarde, aún teníamos que encontrar los bambúes y después dirigirnos a Fushimi Inari-taisha. 





Caminamos por una buena media hora por Arashiyama, en dónde también comimos y compramos algunos souvenirs antes de por fin ver bambúes. El área en el que este bosque esta localizado es llamada Sagano. 





Entre más se camina más maravillosa se convierte la vista. 


Durante muchos siglos el bambú fue en Asía la materia prima número uno por preferencia. No solo le han encontrado usos en la construcción de sus hogares y creación de diversos artefactos, si no también lo han convertido en parte de sus dietas diarias. 



El sonido que crean los bambúes al chocar uno en contra del otro es extremadamente relajante. Entre más profundo en el bosque nos encontrábamos más silenciosos nos volvíamos.




Por favor, cuando vayan a este lugar tan maravilloso, no rayen a los pobres bambúes y ya que andamos en esas no rayen a los árboles. Hay otras formas de conmemorar sus noviazgos de 7 meses. 


A mí aún me siguen sorprendiendo los contrastes en Japón, como algunos lugares a veces se sienten como un asalto a tus sentidos y otros son un templo de tranquilidad y paz.

Salimos de ahí super relajados y muy felices con nuestra visita a Arashiyama, aunque todavía nos quedaba la mayor parte del día. Y todavía nos faltaba Fushimi Inari-taisha伏見稲荷大社 y ya me estaban comiendo las ansias. 


Media hora de viaje de tren más tarde y por fin llegamos. 


                                                                    Selfie pa'l Face. 




              Así es, aquí es donde toma lugar esa emblemática escena de "Memorias de una Geisha".



Qué andaba haciendo la chamaquita corriendo ahí? Pues quien sabe, pero esa escena se le ha quedado grabada en la mente a muchas personas.


El santuario principal Shinto fue construído en 711 A.C. Los casi 10'000 toriis se han ido agregando a lo largo de los años, hasta el día de hoy. Hay 4 santuarios más a lo largo de la montaña Inari-san.


Estos portones se encuentran a la entrada de los santuarios Shinto, representando la transición entre lo pagano y lo sagrado. (Sí, ya les había contado eso, pero les quería dar una refrescada)



El recorrido entero de la montaña, los toriis y los 5 santuarios toma alrededor de 3 y 4 horas, dependiendo de las masas de gente y que tan rápidos sean al caminar. Nosotros solo llegamos al tercer santuario, más o menos a las 2 horas y media del recorrido, porque ya estábamos muy cansados y alguien, que no era yo, no llevaba zapatos cómodos. Así que lleven zapatos cómodos. 




Sus tablillas para las oraciones son en forma de zorros, kitsune 狐, un animal con mucha importancia en el folclore japonés. Kitsune es relacionado con el dios Shinto Inari, por el cual fue nombrado la montaña, que es el dios de la agricultura, por lo mismo de la fertilidad y de los zorros. Según el folclore japonés, el kitsune tiene la habilidad de convertirse en una mujer joven, tal vez hasta en un geisha. 


Quisiera regresar y pasar ahí todo el día. 


Por muchos años yo había tenido la fantasía de ir a Kioto y poder ver este lugar tan maravilloso y lleno de magia. Salí llena de energía y alegría para el año entero. 


En la bajada de la montaña nos toco ver un poco de sakura, cerezos. La temporada de sakura apenas comenzaba en Kioto a finales de Marzo. 



                         Así me pongo yo también cuando no me dan de comer a mis horas.  



Hay oportunidad de comprar souvenirs típicos de Kioto, como esta Hello Kitty gigante vestida en su yukata con estampado de sakura. 

Al día siguiente, nos despertamos, otra vez super tempranísimo, para poder ir a desayunar el pescado más fresco de la vida en Mercado Nishiki.





Comimos muchísimas cosas, pero me faltaron brazos para tomarles fotos. Me tocó comer un pastel de pescado, pescado frito, el atún crudo más fresco y delicioso que jamás me ha tocado comer, y este camarón empanizado. Todo había sido pescado unas horas antes.


Después de comer en el mercado, nos dirigimos a la estación de tren, para tomar el shinkansen de regresos a Tokio. Caminamos por un parque en donde pudimos ver más sakura.



Si tienen pensado venir a Japón, vengan con tiempo suficiente para poder ir a Kioto, de verdad que no se van a arrepentir, es un lugar maravilloso que aún conserva tradiciones muy bonitas del Japón de la antigüedad que Tokio no ha logrado conservar. Esta a solo 2 horas de Tokio, así que hasta podrían ir y regresar el mismo día. 

Espero hayan disfrutado todas estas fotografías y que les haya metido el gusanito viajero por ahí, y después de verlas vayan a poner una moneda en la alcancía para los viajes. 

Mata!

06 julio 2016

Kioto: Senko-ji, Arashiyama y Iwatamaya


Kioto a finales de Marzo



Hola!

He regresado a contarles más acerca de Kioto. Yo me enamoré demasiado de este lugar, me dio la vibra como de Pueblo Mágico en México, con mucho folklore y tradición. 

El segundo día en Kioto nos despertamos muy temprano, nos esperaba un día muy largo ya que queríamos visitar Arashiyama y Fushimi-Inari Taisha. 

Arashiyama 嵐山, La Montaña de la Tormenta, es muy famoso por el Bosque de Bambú, que es una de las destinaciones más visitadas en Japón. Este lugar se encuentra localizado a las faldas oestes de Kyoto. 


Arashiyama


Nosotros llegamos a Arashiyama con el solo propósito de ir al Bosque de Bambú. Decidimos guiarnos por Google Maps, ya que llegamos tan temprano que todavía ni turistas había por ahí. Caminamos por media hora en la cual ya debíamos de haber llegado al Bosque pero no veíamos bambúes por ningún lado. 


Por fin llegamos a estas escaleras, pensando que tal vez al final encontraríamos el Bosque. Subimos 200 escalones para encontrar...



Un monasterio Budista, Senko-ji. Un poco decepcionados nos recargamos en contra de una barda, mientras mirábamos el monasterio. Se veía muy austero y ni siquiera parecía tener acceso al público. Hasta que un monje muy joven hizo su aparición y con un "Irasshaimase" nos dio la bienvenida. 


Tienen unos panfletos por los cuales piden una donación de 500 yen. Por lo general los monjes Budistas viven de donaciones del buen samaritano. Si no quieren hacer la donación por codos no tienen que hacerla. Pero háganla, qué les cuesta? 500 yen...



Nos dejaron entrar a su cuarto general, en donde estudian y comen. Ahí hay una réplica de una pagoda. El monje, que exuberaba una energía muy tranquila y positiva nos ofreció una taza de té verde y nos señalo hacía la vista desde el balcón. 




Esta foto quedó bastante borrosa, pero si se fijan bien, a lo lejos podrán ver la pagoda de To-ji. 



Estando ahí arriba podíamos escuchar la tranquilidad y el silencio, algo nada común en la locura que es Tokio. Salimos de ahí en mucha armonía y hasta como que con más energía.


Yo me sentía como este Buda bebé. 




Regresamos al camino original para ahora sí ir al Bosque del Bambú, pero esta vez nos encontramos con un santuario Shinto. Es posible reconocer los santuarios Shintos de los templos  Budistas por el torii, la entrada que ven esta fotografía, que representa la transición de lo pagano a lo sagrado. 

Pasando el santuario, vi un anuncio que decía " El Bosque de lo Monos de Arashiyama". Se me dilataron las pupilas e hice lo mejor que pude para convencerlos que entráramos a ver a los monos. Compramos los boletos y nos dicen que tenemos que subir por la montaña, otra vez, por 20 minutos, otra vez. Pero pues bueno, ahí vamos. 


Las reglas que hay que seguir son:
- No ver a lo monos directo a los ojos
- No tocar a los monos
- No darles de comer afuera
- No tomar fotografías en el camino 
-Tomarle fotos a los monos por lo menos a 3 metros de distancia


Pues yo como que no entendí la penúltima regla. 


El primer avistamiento



 Por fin llegamos al parque central y hasta la vista nos sorprendió 


Los monos en realidad son macacos japoneses, también conocidos como macacos de cara roja, por obvias razones. Estos macacos son los primates que más al norte del hemisferio viven, a excepción, claro esta, de nosotros, los seres humanos. Estos macacos se encuentran esparcidos por todo el archipiélago de Japón, excepto por la isla de Hokkaido, el punto más norteño del país. 




La vista a mí me pareció super espectacular. Además de que el día estaba super soleado y los cielos muy claros. 



 Me tomé mi foto incómoda con la vista y uno de los macacos




 Una pareja haciéndose "piojito"





Pueden entrar a una jaula, desde dónde le pueden de dar de comer a los macacos manzanas y cacahuates que pueden comprar ahí mismo. 









Estos macacos son adorables! Me encanto como estiran su manita para que les des de comer. 





Al final la caminata y el boleto de entrada me parecieron poco precio a pagar por la experiencia. Entre la vista y los macacos fue una visita inolvidable. 


Otra vista de Arashiyama



 Cuando ya salimos del santuario de los macacos apenas eran las 12 del día! Madrugamos muchísimo ese día. Ya estábamos bastante cansados pero todavía nos faltaba muchísimo más que recorrer.


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